Laura San Juan, Psicóloga clínica en Gijón y Oviedo


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falta sexo (1)

¿Sexo?… no tengo ganas ni tiempo!!!

7:30 a.m. Suena el despertador

7:35 a.m. Vuelve a sonar…

7:40 a.m. …nuevo intento… que sí que ya voooy!

A partir de ahí comienza nuestro ritmo maratoniano para superar el día: despertar a los niños… prepararles la ropa… entrar en la ducha… salir mojando el suelo del pasillo con la cabeza todavía llena de jabón para volver a despertar a los niños… terminar de aclararse… espabilar a los niños para que se arreglen… preparar el desayuno… volver a espabilar a los niños… vestirse… revisar los papeles que tengo que llevar al trabajo… volver a espabilar a los niños… tomar el café de pie mientras corro por la casa… VOLVER A ESPABILAR A LOS NIÑOS!!!… meterles en el coche y llevarles al cole… oírles hablando a gritos en el asiento de atrás (para qué les habré espabilado tanto)… trabajo, cliente exigente… más trabajo… compañero competitivo… trabajo… jefe… trabajo, trabajo y trabajo…

Volver a casa… comer corriendo… deberes de los niños… llevarles a futbol, ballet, robótica o inglés… ducha… cena… 15 ó 30 veces de «que te vayas para la cama» y por fin……………….. ¿Cómo??? parece que ese ser humano que también habita en mi casa, al que recuerdo vagamente haber visto unos segundos por la mañana entre un «espabilar a los niños» y el «preparar el desayuno» se está acercando peligrosamente… Mi cabeza y mi cuerpo están de acuerdo por unanimidad: zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.

El sexo es una necesidad humana que va más allá de su función meramente reproductiva y desempeña un papel fundamental en la evolución y desarrollo de la pareja, reforzando el vínculo, creando un espacio común de intimidad que favorece que la pareja se relacione de forma más profunda y generando un medio de comunicación y conexión emocional que facilita el acercamiento al otro.

Por otra parte, las investigaciones sobre el tema plantean que el sexo ayuda a disminuir los niveles de estrés, ya que se trata de una actividad que permite desconectarse del entorno y concentrarse en el aquí y el ahora. Específicamente el orgasmo produce una sensación de calma y relajación.

Todo eso está muy bien pensarás, pero ¿qué voy a hacer yo si después de todo el día, estoy agotado/a y solo tengo ganas de apagar la luz y dormir?.

La terapia psicológica en este sentido no debe de dirigirse directamente a la apetencia sexual, sino que debe de incluir en primer lugar la enseñanza personalizada al paciente del manejo de su estrés, la organización adecuada de las tareas del día a día así como las estrategias cognitivas necesarias para enfrentarse a ellas de una manera adecuada, sin que supongan un excesivo desgaste emocional.

Una vez trabajado esto, se diseña un programa específico de enriquecimientos sexual para la pareja, consiguiendo así un mayor conocimiento de la sexualidad de ambos y favoreciendo que sus relaciones sean aún más placenteras, utilizando por otra parte las estrategias adecuadas para que el deseo y la satisfacción se mantengan en el tiempo independientemente de que el período de relación de la pareja sea largo.

En resumen, cuando «el ser humano que también habita en tu casa» se acerque peligrosamente tu pensamiento en lugar de zzzzzzzzzzzzzzzz,  será yes we can!!!

Se trata de una cuestión que tiene una buena respuesta a la terapia psicológica y que en función de los beneficios expuestos merece la pena ponerle solución.

Quizás los buenos deseos de felicidad hacia los demás cada vez que les decimos «buenos días» o «buenas tardes» se deberían convertir en un «buen sexo!!!», ¿por qué no?.

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